Entrada 16 – ¡por fin!

Llevaba días sin saber de Cat. Excepto los mensajes que enviaba al grupo de dardos que tenemos en whatsapp. Había preferido dejarle espacio y tiempo para que todo volviera a la normalidad; aunque esta vez estaba tardando demasiado. No soportaba estar mal con ella y sobretodo no tener contacto. Ella era una hermana y como tal la necesitaba. Tenía cosas pendientes por contarle y quería escuchar sus broncas; ya que ella ponía voz a mis pensamientos y hacia real todo lo que yo pensaba referente al trabajo. Aunque seguía faltándome la valentía de dar el paso.

Hoy como cada día de descanso habíamos puesto el partido de dardos. Sabía por el grupo que ella dijo que jugaba, pero en ningún momento dijo a qué hora me recogía. ¡Capaz era de dejarme en tierra! A modo de escarmiento. Aunque bien avise repetidas veces que SI PODÍA IR, que descansaba.

Como de costumbre me había levantado a las mil, estaba sola en casa a excepción de mi loco amigo Richi, que danzaba a sus anchas por el piso hasta que me vio y agacho las orejas, haciéndose un ovillo pegado a la pared.

_ Eso es porque ya la has liado. ¿Eh torpedo?

El capullo se hacia el indiferente, como si el hecho de mirar hacia otro lugar, significaba que yo tampoco podía verle a él. Me dirigía a La Cocina, tenía un hambre atroz, estos días sin las cenas con Cat había provocado un descontrol aún mayor de comidas en mi.

_ ¡Joder Richiiii!

El tío se había ensañado de lo lindo con La Bolsa de basura y ahora la cocina parecía un vertedero. Maldita sea mi suerte, aunque más que suerte sería probabilidad. ¿Quién pasa más tiempo en casa de las dos? Pues así recibía todos los “premios” de este cabrón.

Una vez recogido el desastre, me disponía a disfrutar de un manjar típico del papi. Me había traído de casa de mis padres un tupper de sardinas en escabeche. A papá le salieron de rechupete y todo sea dicho; también me ahorraba el cocinar.

Esta vez no había preparado la comida de Richi, para que comiéramos juntos. Después de su “liada” no podía premiarlo. Ya comería cuando terminara y solo en La Cocina.

Sonó el teléfono, recibí un mensaje. Al abrirlo veo que es de Cat. A las 20:00h te recojo donde siempre. No te retrases que me voy. Jajajaja la última parte me hizo reír. Cat diciendo no te retrases ya veremos si llega a las 20:00h. Pero por lo menos se había comunicado conmigo. Eso me alegraba.

Estaba descansada y aún faltaba hasta que Cat viniera; así que decidí ponerme con la plancha. Pero ver la pila de ropa que tenía me estaba quitando las ganas. A las 19:15h después del “palizón” que llevaba de plancha, pensé que era hora de dejarlo e irme a la ducha ya que si me retrasaba (jajajaja) Cat se iría y basta que hoy sea puntual para que cumpla su amenaza. Al terminar la ducha y vestirme; me ponía el vendaje en el dedo. Ya estaba casi perfecto y apenas me dolía; pero quería protegerlo de agentes externos.

Aún podía disfrutar de unos minutos antes de tener que bajar, con lo que iba a montar los dardos con unas plumas que aún no había estrenado. Eran negras y tenían impresas unas calaveras, de paso también le cambio las puntas, ya que las que tienen están muy dobladas del anterior partido.

Ya abajo en la esquina de casa, no hay rastro de Cat, ya veremos cuánto tarda esta chica en llegar…jajajaja.

Trasteaba en el móvil, para hacer más ameno mi tiempo de espera, cuando de repente oigo un coche pitar, levantó la cabeza, es Cat que frena delante de mi. Las 20:09h, esto en ella no lo puedo considerar un retraso, sino más bien un logro. Su rostro es serio y no apartó la vista del retrovisor ni un solo momento. Uy, uy, uy… creo que el horno sigue sin estar para bollos.

_ Hola Cat.
_ Hola.
_ ¿Qué tal?
_ Bueno…
_ Le he puesto a los dardos las plumas nuevas, a ver cómo responden.
_ Aja.

Se veía que muchas ganas de hablar no tenía. Y que no traía la alegría que la caracterizaba. No hizo ninguna broma,no se metió conmigo para picarme… nada de nada. Como una piedra fría y la verdad que esta faceta no le pegaba nada. Pero era visible que aún estaba mosca conmigo.

_ ¿Saliste el finde a bailar con Kevin?
_ No, ya sabes que en verano los salseros estamos más despegados. Estuvimos en el bar de Mara.
_ ¿De dardos y futbolines?
_ Y de risas con las chicas.
_ ¿Las chicas?
_ Si, últimamente todos los viernes quedamos Mara, Barbara, Soraya, Kevin y yo. Es nuestro momento de desconexión.
_ Guay.¿Pongo música?
_ Haz lo que quieras.

Abrí la guantera del coche, saque el cacharrito y lo enchufe en el mechero. Busque una canción peculiar, a Cat le gusta y a mí me saca de quicio; porque cada vez que monto en el coche da la casualidad que empieza a sonar.y Cat grita _ ¡Ya la tienes, parece que te huele!

Cuando la salsa comenzó a sonar, la mire de reojo y pude apreciar una mueca en su cara, como si quisiera sonreír, pero enseguida apretó los labios de nuevo. De aquí hasta que llegamos al bar de Mara, lo único que llenaba la estancia del coche, era la música, Roque entre nosotras no hablamos nada.

Al llegar, nos encontrábamos con la odisea de siempre; ¡encontrar aparcamiento! ¿ y como no? Cada vez que pasábamos por delante de la puerta tocar el claxon para avisar de nuestra presencia.

Una vez solventado el problema, entramos en el bar y Catia vuelve a ser ella de nuevo. A quien primero ve es a su chico, hacia al que corre y se tira a sus brazos, para fundirse ambos en un beso. Esta pareja es la propia definición del AMOR. Y después como si fuera la propietaria, entra en la barra, guarda su bolso y se abraza con Mara; entra en La Cocina y saluda Zita, la mama de esta y le pide la hamburguesita que siempre se come como primera tapa. Después sale, saluda al equipo contrario y se dirige a la máquina para organizar nuestro equipo.

Íbamos ganando 6-4 y me tocaba jugar con Mara de pareja. La partida no había empezado bien; tenía la cabeza en otro lado. Me jodía que Cat no estuviera bien conmigo y me había dado cuenta que cada vez que me tocaba jugar, ella salía fuera a fumar. Cuando siempre le gusta llevar un control de cada partida e ir dirigiendo la estrategia. Y a nosotros oír sus aplausos en cada buena jugada, sus voces de ánimo y su consuelo restando importancia cuando un dardo no entra donde debe. Y particularmente yo echaba de menos la palabra muñeca cada vez que la giro y tiro mal el dardo.

_ Mara: ¡Catiaaa! Quieres hacer el favor de entrar para dirigirme. Sabes que me gusta que me vayas guiando.
_ Cat: Que lleve Samanta la partida_ hablaba desde la ventana, mientras Mara estaba a mi lado.

_ Oye Sami, no es por nada personal ¿eh?
_ Lo se, tranquila Mara.
_ ¿Os ocurre algo? Catia está muy rara contigo.
_ Si, está un poco mosqueada.
_ ¿Qué habrás hecho?
_ La lié un poco.

Me encojo de hombros, intentando no tener que dar más explicaciones. Sabía que no le había contado nada a Kevin, porque sino este me habría dado un toque; al saber que deje volver sola a Cat y más aún por haberle hecho trasnochar teniendo que madrugar y conducir al día siguiente. Con lo que es este para el descanso, cuando tienes una responsabilidad pendiente.

Unas cuantas partidas más y entrábamos en la recta final. Nos tocaba jugar individualmente. Empieza Kevin, le sigue Cat, después iré yo y terminará Mara. Cuando estoy en La Ronda cinco de mi partida…

_ ¡Muñeca coño!

¡Joder! Me dio tal alegría escucharla que me giré hacia ella sonriendo. Pero ella estaba muy seria mirando hacia la pantalla; sentada en la silla con las piernas cruzadas y la barbilla apoyada sobre su mano derecha. Solo podía reír, porque está vez sabía que era enfado fingido.solo estaba haciéndose la interesante.

Cuando terminé la tirada e iba hacia la mesa, para darle un trago a la cerveza, Cat se acercó y me ofreció una servilleta.

_ ¿Y esto?
_ Es una servilleta, ¿no la conoces? Samanta, servilleta; servilleta, Samanta.
_ Ya lo sé gilipollas pero ¿para que me la das?
_ Para que te limpies las gafas, a ver si cierras el puto veinte que te está fundiendo a puntos en él.
_ Jajajaja eres idiota Cat.
_ Si, si idiota, pero tu veinte sigue abierto.

La cogí y la estruje entre mis brazos. ¡la volvía a recuperar! Veía de nuevo a mi amiga, con sus bromas y tonterías. Mientras estábamos abrazadas me acerqué a su oído, para que nadie me oyera y le dije:

_ Te he echado de menos.
_ Y yo, pero estaba muy cabreada.
_ Lo siento.
_ ¡No me digas eso!es cuestión de tiempo que me la vuelvas a liar. Grrr…
_ Jajajaja. ¡Jolin hacia mucho que no lo hacía!
_ ¿Ah, esto que va por fascículos para que no pierda la costumbre?
_ ¡Idiota! Jajajaja.

Cuando volvía a tirar, me sentía con doscientos kilos menos. Más relajada, feliz y sonriente. Apunte con el primer dardo y…¡pam! Veinte triple. _ ¡No sin tiempo Sami!_ gritó Catia, aunque tal y como lo vi entrar, esperaba el comentario. Sonreí, cogí el segundo dardo, apunte y…¡pam! Diecinueve triple (57 puntos) y a continuación lance el último, diecinueve doble (38 puntos) en total noventa y cinco puntos. Me giré con toda la chulería que pude, mire a Catia y le dije:

_ ¿Qué, te gusta así?
_ Si, si, pero desde el principio.
_ jajajaja, anda y caga.

Después de la victoria y despedir al equipo contrario, estábamos contentos, decidimos decidimos tomarnos unas cervezas todos juntos. Y como no, el partido de futbolín correspondiente. Zita y Catia contra Kevin y Mara. Es un espectáculo verles jugar. Cat no quiere perder ni a las canicas y le intenta meter los goles a Kevin, que este se frustra por no poder pararlos. Por el otro lado Mara igual de rabiosa que Cat jugando intenta marcar a Zita, su madre. Pero lo mejor son los comentarios de Cat; que desesperan al equipo contrario.
Yo los observo desde la barra disfrutando de mi cerveza y el placer de haber recuperado a mi amiga.

De vuelta a casa, subimos al coche; Cat arranca y suena “Azafata” nos miramos y reímos a carcajada._ ¡ahí la tienes!_ dice ella ( jajajaja si es que es verdad, parece que me huele) poco a poco todo iba volviendo a la normalidad. Nos íbamos poniendo al corriente de los días que estuvimos separadas.

_ ¿Oye y que te pasó en el dedo?
_ Me corte el otro día en el curro.
_ ¿Te has hecho mucho?
_ Mira_ le enseñe una foto en el móvil.
_ ¡Joder vaya corte! ¿Y que te han dicho en la mutua? Jajajaja.
_ ¡ Que idiota eres nena!
_ Sam es que es muy fuerte lo de tu trabajo; pero bueno no voy a entrar.
_ Ya lo sé, pero en fin…
_ ¿Te duele?
_ Apenas, ya está prácticamente curado.
_ Me alegro.

Cuando llegamos a la puerta de mi casa, Cat aparcó para fumarnos un cigarro.

_ ¿Por cierto has vuelto a saber algo de ellas?
_ Nada, y mejor así. No quiero líos.
_ Mejor. Ellas sabrán el rollo que llevan, pero como entres, tú serás la que pierda.
_ Eso fijo.
_ Bueno nena, me voy a casa.
_ Vale ¿quedamos mañana?
_ Claro llámame mañana y hablamos.
_ Adiós.

 

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