Entrada 15 -Las consecuencias de la noche-

¡Joder que resaca tengo! El sonido del despertador ha entrado en mi cabeza; como un elefante en una cacharrería. Después de la pelea que hemos disputado él y yo, la cual he ganado gracias a mi habilidad de tirar del cable y desconectarlo de La Luz. Voy al baño a darme una ducha de agua fría. Tengo que conseguir despejarme. No he dormido nada y debo llegar a tiempo al trabajo.

El cuchillo en mis manos pesa demasiado; y las verduras son cortadas a cámara lenta. Aunque con un poco de dificultad consigo dar todas las comidas a tiempo. Y he podido disimular delante de todos. Hoy paso de comer, en mi estómago hay un arsenal de enanitos bailando la conga; así que todo lo que coma o se mantendrá dentro por mucho tiempo. Por mí ayuno voluntario, termino mis cometidos mucho antes de lo esperado, con lo que busco a Carmen para hablar con ella.

_ He terminado todo, solo queda lo de los compañeros, me voy a casa. Vuelvo a la hora de siempre.
_ Samanta no tienes buena cara, ¿ocurre algo?
_ Estoy con la regla, me vino más fuerte de lo normal. Necesito descansar un poco.
_ Vale. Nos vemos en la tarde. Que te mejores.
_ Gracias.

Desde luego que necesitaba descansar, aunque no era por la regla precisamente. Me pesaba todo el cuerpo, me costaba caminar hasta casa. Nunca antes se me hizo tan largo el camino. Saqué el móvil del bolsillo trasero para enviarle un mensaje a Catia. Desde anoche no sé nada de ella y tiene que estar muy enfadada. Me pasé tres pueblos.

“Hola nena. Siento mucho lo de ayer, me cegué y me deje llevar sin importarme las consecuencias. Sé que la he liado bien y que estarás muy enfadada.LO SIENTO”

Cuando consigo subir las malditas escaleras y entro en casa, voy directa al sofá y me dejo caer sobre él; sin más preámbulos entró en un coma profundo.

Estoy llegando de nuevo al curro y Catia aún no contestó mi mensaje. Pero sé que lo ha leído. Esta chica está cabreada de cojones y no le falta razón. En el restaurante hay varias cenas esta noche, con lo que es llegar y meterme en faena. Con lo mal que responde el cuerpo hoy. ¡Puf!

De manera automática preparo una cena tras otra. Nadia habla en La Cocina. Carmen seguirá creyendo que mi cara es debido a la regla y supongo que por no molestarme, nos comunicamos lo justo y necesario. Sin embargo es mi cabeza la que va dando bandazos de un lado a otro, estampándose sin solución o compresión requerida.

La cara de Catia cuando bajé del coche para quedarme de fiesta; después de hacerle esperar más de cuatro horas. No es la primera vez que se la lío. Que me la juego tanto porque se que tiene mucho aguante, y que al día siguiente la vuelvo a tener ahí como si nada hubiera ocurrido. Pero cuando llena el vaso y este explota… ¡agüita! Mejor nos ponemos todos a cubierto, porque esta chica de mala leche es mejor no verla. Y creo que con la de ayer se lo hice explotar.

Por otro lado Alba, rondándome en el pub, dándome su número de teléfono e insinuando querer volver a verme. ¡Y encima el beso de Laura! No conozco de nada a estas chicas, pero el rollo que llevan es muy peculiar y si ellas lo aceptan…¿Quién soy yo para juzgarlas? Porque seguro que ambas conocen el palo de lo que va la otra. De ahí que su “relación” sea como una “no relación”

¡Ay!¡joder que dolor!¡mierda, mierda como duele!¡Dios mío cuánta sangre! Enseguida cojo un trapo limpio, lo envuelvo en el dedo y aprieto fuerte, eso me calma durante unos segundos. Pero enseguida siento unos fuertes latigazos y el trapo queda empapado en sangre. Estaba tan enfrascada en mis pensamientos, que mientras cortaba el bacon, me he rebanado el dedo con la cortadora.

_ ¡oh, vaya Samanta, estás sangrando!
_ no sé cómo ha ocurrido. (Si que lo sabía, pero no era para contarlo)
_ vamos a lavarte hay que curar esa herida.

La sangre es siempre muy alarmante, pero el dolor tan desesperado que sentía, me hacia saber que no era un simple corte; que me había hecho algo más gordo. Me daba miedo destaparlo; me atemorizaba saber que me había hecho y sobretodo, me aterrorizaba que el dedo quedara inútil. Porque solo me faltaba no poder trabajar.

Carmen abrió el grifo de la pileta y me animaba a descubrir el dedo.

_ Vamos Samanta, hay que lavar la herida cuanto antes.
_ Tranquila que no es nada.
_ Esa cantidad de sangre no es síntoma de no ser nada.

Con el agua corriendo, metí la mano bajo el grifo con trapo incluido. Y poco a poco fui desnudando mi dedo. Pensé que así me asustaría menos. Los ojos me escocían, de estar reprimiendo las lágrimas. Hacia verdaderos esfuerzos porque no cayeran; quería expresar tranquilidad, pero el dolo que tenía era atroz.

Mi mano estaba muy temblorosa, lo que dificultaba la maniobra de destape. El fondo de la pila se iba tiñendo de rojo. Un rojo intenso que sumado a mi aflicción hacia crecer mi angustia, porque no fuera mucho lo que me había hecho.

Con el dedo ya desnudo bajo el chorro de agua, Carmen y yo inclinamos la cabeza al unísono para ver que tenía, ya que si lo sacaba del agua, la sangre no nos dejaba ver una mierda. Eso y el baile sambito que mi mano tenía. Como si tuviera vida propia.

_ ¡Joder Samanta! Que corte más feo. Acércate a urgencias y que te atiendan ahora mismo.
_ Tranquila, es más lo que parece que lo que es realmente.

En realidad era lo que parecía. Es un corte feísimo. La cuchilla había entrado en mi dedo de manera vertical. Dividiéndome la uña del dedo gordo perfectamente a la mitad, la cual no había penetrado hasta el final porque el hueso le había puesto freno. Ahora entendía porque tenía ese dolor tan desesperado.

Carmen se removía por La Cocina, con cara de preocupación. Abrió uno de los cajones, sacó un trapo nuevo y me lo entregó.

_ Toma, envuelve el dedo y acércate a urgencias a que te examinen.
_ Anda, anda… acércame tu el botiquín que voy a curarme.
_ Samanta eso no lo cura una tirita.
_ Pues entonces me pongo dos.
Con lo que soy yo para ir al médico, y como el dedo no estaba colgando… sobrevivía fijo.¿ y q, voy al medico y le digo que ha sido un accidente laboral? Jajaja. Si tengo menos papeles que una liebre trabajando aquí. No, no mejor aún… le digo que no trabajo pero que puedo permitirme tener una cortadora profesional en mi cocina y he tenido un percance con ella. ¡ Es que manda huevos!

Cuando Carmen me acerca el botiquín, empiezo a desinfectar bien la herida. Y después me hago un vendaje con gasas y esparadrapo. Por último cubro el dedo con dos guantes de látex. Para suerte mía he dejado de sangrar y eso me ha facilitado el trabajo.

_ Venga Carmen, cambia esa cara de susto. No es nada. Gajes del oficio.
_ ¡Que dices! Me hago yo ese corte… y aún estoy saltando por La Cocina sin parar de gritar y llorando a jarrillas.
_ Jajaja (la verdad que a mí ganas no me faltaban)

Una vez terminada la jornada, de camino a casa voy mirando el móvil y no hay rastro de Cat. Con lo que me dispongo a llamarla, aún sabiendo que lo que va a ocurrir es que me mande a la mierda.

_ Dime.
_ Hola Cat.
_ ¿Qué quieres?
_ Acabó de salir.
_ Me alegro por ti. No sin tiempo.
_ ¿Te apetece que cenemos en mi casa? (Intentaba tantear el dinero)
_ No voy a salir y ya he cenado. (Uff, el enfado es grande. No me ha esperado para cenar como siempre)

_ Veo que has llegado bien, aunque no haya sido por tu mensaje.
_ Te lo iba a mandar, pero me quedé dormida. (Sabía que esperaba mi SMS, porque aunque estaba enfadada, ella se iba preocupada)
_ ¡Samanta eres gilipollas! Volver con dos tías ayer que estaban mas borrachas que tu. A las que no conoces, no sabes cómo conducen, pero si encima no le preocupa coger el volante bebida. A mi ya me dice mucho de ella.
_ Lo sé Cat. Tienes razón. No pensaba.
_ Pero pensaba yo por las dos y aún así te bajaste del coche. Ya no es que os pasara algo a vosotras; que me alegro que no fuera así. Sino un tercero. ¡¿ en que coño pensabas?!

La conversación no estaba cogiendo buen rumbo. En todo lo que decía tenía razón, pero con el día que llevo no estoy para esto. Así que intento desviarla.

_ ¿Sabes algo del partido de esta semana?
_ ¡Vete a la mierda! Ni lo sé, ni me importa. Quizás esta semana descanse y me quedé de reserva.
_ ¿Pero Cat, entonces quedamos cojos?
_ No, tú puedes jugar.
_ ¿cachonda y como voy?
_ Llama a tus amigas y que te recojan. Después aprovecháis y os pegáis la fiesta de nuevo.
_ Joder Cat… vale lo pillo. La cagué, lo siento.
_ ¡ Que te den por culo Samanta! Adiós.

Madre mía, que mala ostia tiene encima. No le falta razón pero… cuando entró por la puerta del piso, me encuentro a Natalia en el pasillo que se dirigía a La Cocina.

_ ¿Qué te ha pasado en el dedo?
_ Me corté en el curro.
_ ¿Es mucho?
_ No, un corte nada más. Me voy a la cama estoy destrozada.
_ ¿Has cenado?
_ No, pero me puede el cansancio.
_ Iba hacerme un vaso de leche,¿quieres?
_ Gracias pero no. Buenas noches.
_ Descansa.

No estaba, ni para explicaciones, ni compañías, ni nada. Me afecta que Cat esté así conmigo, me duele el dedo a rabiar, mi estomago sigue dando vueltas, la cabeza me va a estallar y el cansancio me puede… solo quiero dormir y que pase el día de hoy.

 

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