Entrada 13 – Los 50 € –

Sara lleva muy bien sus prácticas, se ha integrado como una más. Eso es bueno, porque dos manos más aquí dentro, provocan una descarga de trabajo en el resto. Me ha estado contando que cuando termine aquí, se quiere marchar a Almería a estudiar repostería, que es lo que realmente  le gusta. Será una gran perdida para el oficio por que  realmente es buena. Pero le deseo mucha suerte.

  • ¿Samanta que haces esta tarde?
  • Iré a casa de Cat a cenar ¿por?
  • Oh nada, nada.
  • Dime, ¿Qué habías pensado?
  • En tomar algo las tres. Cat, tú y yo.
  • ¿y si vamos al cine?
  • ¡vale!

Llame a Cat, le conté el plan y le dije que se viniera Kevin también. Él no podía por el curro ya que madrugaba mucho y nosotras queríamos ir a la sesión golfa, y se le hacia muy tarde.

Montadas en el coche camino del cine, le cuento a Catia la ultima que he tenido con Carlos.

  • Nena, ayer le pedí dinero a Carlos.
  • ¿Te sigue dando por fascículos?
  • Como siempre, el caso es que cuando cogí los billetes, vi. uno de 50€ falso. Y le pregunte que era eso.
  • ¡No jodas! ¿Qué te dijo?
  • Que era una broma, para ver si me daba cuenta.
  • ¡Venga coño! Broma tu tía. Si te lo cuela eso que se lleva.
  • Mira ¿a que esta muy bien hecho?
  • ¡Vaya! Ya te digo hay que fijarse bien.
  • Me lo he guardado de recuerdo.
  • Jajaja.

Una vez llegamos al cine, Cat y yo queríamos ver la última de miedo. Hemos visto el tráiler y pinta bien. A Sara no le hace mucha gracia ese género pero al final acepta.

Estando en la sala, vamos con la luz del móvil para buscar nuestros asientos, ya que esta apagada. Por culpa de la cola que había en las palomitas, nos hemos retrasado un poco.

Llevábamos un rato de película y Sara comenta que tampoco da mucho miedo. La película estaba resultando un tostón, hasta que Catia empezó hacer comentarios secundarios como si estuviera doblando la película y no podíamos para de reír. Prácticamente toda la sala, salía decepcionada por el truño que habíamos visto.

  • ¿Chicas tomamos algo?
  • Por mi si.
  • Y por mí.
  • Una amiga mía trabaja en un Pub que seguro que sigue abierto.

Catia nos lleva al bar de su amiga. La chavala es muy simpática y como hace tiempo que no la ve, la reta a una partida de dardos. Como no hay mucha gente acepa encantada. La verdad que estamos nosotras tres, su amiga y el novio, el jefe con cuatro amigos y cada uno de estos con sus veinticinco amigos imaginarios como diría Cat, porque vaya borrachera llevan.

Estábamos jugando las cuatro a los dardos, unas copas, risas, anécdotas… lo estábamos pasando muy bien y se estaba a gusto ya que parecía que el Pub era nuestro. Al cabo de unas horas la amiga de Cat se fue, pero su jefe nos insistió para que no nos fuéramos, ya que él se quedaba con sus amigos y nos seguiría sirviendo. Estábamos a puerta cerrada y al hombre no se le veía prisa.

De los dardos pasamos al billar. Jugaban Catia y Sara, entonces aproveché para ir al baño. Como en todos los locales, supuse que seria “al fondo a la derecha” y mira por donde acerté. Al final de un pasillo encontré tres puertas, pero estaba muy oscuro, no lograba identificar los logos de las puertas y no encontraba interruptor alguno. Así que le di prioridad al azar. Al final la puerta seleccionada resultó ser el almacén de bebidas. Pero lo que me llamo la atención fue la mesa camilla que había en una esquina estratégicamente colocada. Con una lamparita que emitía luz tenue y daba un agradable ambiente al habitáculo. Pero lo que no me moló tanto, fue ese trozo de espejo rectángular en el que descansaba una pequeña montaña blanca, que aunque daba aspecto de ser azúcar, yo sabia que no lo era.

Al llegar a las chicas se lo comente. A Catia no le sorprendió. Dijo que de algún modo tienen que bajar el pedo para seguir aguantando. La verdad que cada uno es libre de hacer lo que quiera.

  • ¿Jugamos otra?
  • Vale.
  • A mi no me quedan monedas.
  • Tranqui, pago yo esta ronda y ya cambio.

Me acerco a la barra, pido dos cubalibres más y una coca cola al jefe. Le pago y tengo monedas en el cambio para seguir jugando. Sara esta colocando las bolas en el triangulo para yo poder empezar la partida. Estoy dando tiza al taco cuando Cat se acerca y me dice: saca mi cartera, que voy a comprar tabaco ya que el jefe no deja fumar aquí dentro.

Y cuando empiezo a buscar en los bolsillos a ver en cual de ellos guarde su cartera. De pronto…

  • ¡ups! ¡Cat! la he liado.
  • ¿Qué ocurre, has perdido mi cartera?
  • Nooo… la ronda de antes la pague con los 50€ falsos.
  • ¡No jodas!

Y justo al mirar al jefe, vemos que esta contando los billetes porque esta haciendo la recaudación de la noche. Nuestra cara es un poema y Sara se da cuenta. Cuando nos pregunta y le contamos que ocurre, se pone súper nerviosa por si nos van a pillar.

Cat: chicas, mantener la clama. Vamos a disimular.

Sara: ¿Cómo vamos a disimular si estamos cuatro gatos?

Yo: ¿Qué hacemos?

Sara: Pues nos vamos.

Cat: terminamos el billar y nos vamos.

Cuando de pronto empezamos a oír. ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam! y vemos a Sara como una desesperada metiendo los bolas del billar por el agujero con la mano. Y haciendo un ruido descarado.

Cat: esta no era mi idea de disimular exactamente.

Yo: jajaja menudo cantazo estamos dando.

Sara seguía con su desesperación y paranoia. Se bebió el cubalibre de un trago y ya estaba en la puerta del local esperando que nos abrieran para irnos.

No podía parar de reír, Catia se bebió la coca cola de un trago y yo guarde el vaso estratégicamente en mi bolsillo porque mi pensamiento era llevármelo.

Yo: ¿jefe nos abres?

Jefe: ¡¿Dónde vais, que la noche es joven?!

Cat: se nos hizo tarde y mañana se madruga.

Jefe: bueno, bueno pues cuando queráis ya sabéis donde estamos, esta es vuestra casa.

El jefe aun no había cerrado la puerta tras nuestra salida, cuando de repente Sara pone un pie en la calle y como alma que lleva al diablo se puso a correr. Cat y yo nos miramos riendo y como el que contagia un resfriado, así nos paso con la carrera de Sara. Ambas echamos a correr tras ella. Y realmente aun no se por que.

Al final terminamos las tres en un parque. Yo bebiendo el cubalibre, Cat con un bote que compro en una maquina expendedora y Sara una botella de agua para pasar el susto.

Cuando recordábamos el comportamiento de Sara no podíamos parar de reír. Y de vuelta a casa en el coche la historia se repetía una y otro vez. Con los subtítulos pertinentes de Cat. Éramos un show.

Al llegar a casa y estar relajada en cama, me doy cuenta que no tengo mucho tiempo para dormir; pero vamos eso en mi no es anormal. Cosa que no me preocupa, pero no se  como llegue la pobre Sara. Y mañana el día es durete.

Al día siguiente Sara llegaba súper excitada al trabajo.

  • tía que sueño tengo, pero buenos mereció la pena. Y tengo toda la tarde para dormir.
  • Que suerte tienes cabrona.
  • Ya pero yo no cobro.
  • Ni yo tampoco.
  • Es verdad jajaja. Tenemos que pensar la siguiente, ayer me lo pase muy bien. Hacia mucho que no reía tanto.

 

 

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