Entrada 12 – Sexo prohibido –

Estaba por el centro, tenia que hacer cosas. Salía del estanco cuando oigo que una vocecilla me esta llamando. – Samaaaaanta Samaaaanta… al girarme enseguida me di cuenta, porque esa vocecita era inconfundible. (¡Mierda, mierda, mierda!) Ya me ha visto y el encuentro es inevitable.

Corría hacia mí, con los brazos abiertos, con esa mirada angelical llena de vida, azul cielo. En su cabecita botaban al ritmo de su carrera, esos rizos negros azabache. Y estaba mucho más alto que la última vez que lo vi.

Estando a medio metro, saltó cual gacela y se tiró a mis brazos. Nos fundimos en un abrazo, y la nariz se me hundió en su cabello. Inspire su fragancia, ufff…, olía a su madre, y en respuesta mi cuerpo se erizo por completo.

No, no, no. Samanta céntrate por favor. No lo pienses. Actúa normal con el pequeño, pero huye de aquí ¡ya! Lo dejo en el suelo y le despeino el pelo cariñosamente.

  • ¡Daniel que grande estas! (el jodio sonríe y se pone muy recto para aparentar mas altura)
  • Mami y papi tan allí, men, men conmigo.
  • No mi amor, no puedo ir contigo. Corre hacia allí ¡venga!

Y justo cuado le señalo a Daniel, en la dirección donde esta su papa, cruzo la mirada con Joaquín el papi de Daniel. El cual me levanta la mano a modo de saludo y me hace un gesto con la misma de que me acerque a él. Ay, ay, ay que me estoy poniendo muy nerviosa. Miro con disimulo alrededor de Joaquín, mientras me acerco a la terraza donde esta sentado, yendo de la mano del niño; y agradezco no haberla visto.

Cuando llego, Joaquín se levanta y me saluda con dos besos.

  • ¿Qué tal Samanta, como te va la vida?
  • Bien, ahí vamos.
  • Hace mucho que no nos vemos.
  • La verdad es que si. Desde que Pascual cerró el bar, cambié de trabajo y bueno, ahí vamos.
  • Siéntate y tomate algo.
  • No, no. Muchas gracias. Tengo que hacer unas cosas y volver al curro.
  • Venga una rápida. Además Cristina tiene que estar a punto de llegar. Se ha pasado por la imprenta a por unas cosas para el cole de Daniel.

Precisamente por eso quiero irme. No soportaría ver a Cristina. Y este esta muy insistente. No se como me voy a escapar.

  • ¿mira Cristina, a quien se ha encontrado Daniel?

¡¿Qué?! ¡Mierda, mierda! Cuando dirijo la mirada en la dirección donde Joaquín la tiene… ¡premio! Tengo a Cristina a mi derecha, mirándome con la misma cara de alucinada que tengo que tener yo. Tiene tan dilatadas las pupilas por la sorpresa que apenas se ve el azul de sus ojos.

  • Hola Samanta, cuanto tiempo.
  • La verdad es que si. Las circunstancias como le contaba a tu marido.

Y cuando me voy a inclinar para darle dos besos, ella se pone de puntillas, lanza los brazos alrededor de mi cuello. Y cuando sus labios están apunto de rozar mi mejilla… nos damos un calambre, de esos que suenan; y Cristina del susto que se lleva pierde el equilibrio y estaba apunto de caer. Extendí los brazos, los pase por su cintura y la atraje hacia mi, para evitar que aterrizara en el suelo.

Con lo que no contaba, era con el suspiro que susurró en mi oído, y ese “gracias” casi en un hilo de voz, fue lo necesario para despertar todos mis recuerdos.

SEXO PROHIBIDO

No logro recordar como pasó de ser una mera clienta a amiga, y de amiga a ser la mujer de mi vida. Pero lo que nunca olvidaré es la primera vez que sus labios palparon los míos.

Esa noche de invierno volvió a esperar que su marido se durmiera, para escaparse conmigo para ir a tomar algo. Fuimos al bar de siempre, estaba cerrado (quien lo sabíamos, llamábamos al timbre) pero ese día tardaban mucho en abrir. Cristina decidió que hiciéramos la segunda opción.

Nos dirigíamos al segundo bar, cuando empezó a llover como si no hubiera mañana. Y decidimos resguardarnos en el interior de un portal. Ella comenzó a llorar, recordando el problema que vivía día a día con su marido y cuando intentaba consolarla…

  • Samanta estas empapada. (y se quito el abrigo, para ponérmelo sobre los hombros)
  • Cristina no soporto verte así, con la que esta cayendo.
  • No te preocupes.
  • Haz el favor de ponerte tu abrigo.(mientras se lo volvía a dar)
  • ¡vaya! Tienes las manos heladas. Ven ponlas aquí. (y subió ligeramente su jersey azul turquesa, que hacia juego con el color de sus ojos)

Pose mis manos alrededor de su cintura y la abrace ligeramente. La situación me incomodaba siendo razonable, del mismo modo que me atraía siendo pasional. Me miró a los ojos… apartó un mechón mojado que caía por mi frente. Y… me beso.

¡No pude apartarme! Desde el momento que su lengua se encontró con la mía, bailaban al son de la lluvia al caer. La apreté contra mí, sus pechos frenaron en los míos y note como se movía con la dulzura con la que cae una hoja del árbol en otoño. Y encajaba a la perfección entre mis brazos.

Mis labios se humedecían con los suyos, recorrí su espalda hacia arriba y ella penetró más en mi boca. La pasión estaba haciendo acto de presencia y me olvide de todo por unos minutos.

¡¿Qué hago?! Esto no esta bien. Frené en seco y ella me miro sorprendida.

  • Cristina es tarde, te acompaño a casa; no quiero que tengas problemas.

El camino a casa fue normal, como si nada de lo ocurrido hubiera surgido. Pero yo aun sentía su sabor en mis labios.

  • ¿Samanta nos vemos mañana al medio día?
  • De acuerdo, ¿Dónde quedamos?
  • Ven a casa.
  • Vale, intenta descansar.
  • Gracias. Adiós.

Volvía a casa, comenzaba a llover de nuevo, pero para ser sincera agradecía ese agua golpeando mi rostro. ¿Qué ha ocurrido? Vale que llevara tiempo notando que me miraba de un modo extraño; que tenía un comportamiento atípico, pero de ahí a lo ocurrido hoy…

¡Samanta baja de la nube, se razonable! Su situación en casa, su inestabilidad emocional, la ingesta de alcohol… es un coctel bastante fuerte que ha provocado, lo que ha provocado. Mañana todo volverá a ser normal.

Al día siguiente salía de trabajar y me dirigía a su casa, tal y como habíamos quedado. Cuando nos vimos todo estaba como siempre, y yo creí que no se acordaba de lo ocurrido.

  • ¿Dónde esta el peque?
  • Lo deje con mi madre. Comimos con ella y le dije que tenía que venir a casa hacer algo.
  • ¿ah si?
  • Si.

Y tal y como me dijo ese “si”, tenia la mirada clavada en mis ojos y caminaba con decisión hacia mi. Cuando llegó al sofá donde yo me encontraba, se sentó encima de mí.

  • Samanta ayer me atreví hacer algo que llevaba tiempo pensando. Y tu respuesta me encantó.
  • Cristina yo…
  • Shhh…

Y selló mis labios con los suyos. Sabía que lo que iba a ocurrir no estaba bien. Pero yo también llevaba tiempo intentando ignorar reacciones de mi cuerpo. Y hoy he decidido dejarme llevar.

Sujete sus piernas y la apreté hacia mi, para que me diera un mayor acceso a su boca. Solo jugar con su lengua hizo que mi temperatura subiera. Y su respuesta me excitaba aun más.

Acariciaba su espalda por debajo de la ropa. Su piel era suave y fina. Clavé mis uñas con dulzura y todo su cuerpo reaccionó. La tumbe boca arriba en el sofá, y sin dejar de besarla arrodillada a su lado. Acariciaba el interior de su muslo, subiendo la mano lentamente. La camisola que llevaba puesta me facilitaba el camino.

Llegué a su sexo y mis dedos jugaban en él por encima de sus braguitas. Entre en ellas por un lateral y… ¡OH dios! Esta totalmente preparada. Sus fluidos bañaron mis dedos y su clítoris estaba muy hinchado. Le di  pequeños golpecitos y ella elevó sus caderas para pedirme más.

Enredó sus manos en mi pelo y acercando su boca a mi oído susurro:

  • Te deseo Samanta.
  • Seré tuya preciosa.

La temperatura era demasiado elevada y necesitaba liberar mi cuerpo; y comencé a desnudarme. Una vez fuera el pantalón, Cristina se puso de rodillas en le Sofá y fue ella quien con mucha dedicación comenzó a subir mi camiseta. Desabrochó mi sujetador y comenzó acariciar mis pechos. Dibujó un caminito de besos que inició en el ombligo y fue subiendo hasta encontrarse con mi pezón derecho. Los tenía tan erectos, que incluso me dolían.

Cristina comenzó un combate medieval de espadas, su lengua contra mi pezón, y en el momento que lo atrapó con sus labios y succiono ya me había ganado. Jugando desde un pezón a otro con una tortura demasiado agradable, metió su mano en mis bragas y al notar lo empapada que estaba, me penetró con un dedo.

Ufff…… no lo esperé y mis piernas flojearon por el placer recibido. Ella seguía con su cometido, dos embestidas, tres, cuatro… y yo me estaba volviendo loca. Le agarre del pelo por detrás y tiré. Cuando conseguí levantar su cabeza la bese con deseo y pasión. Estaba muy excitada y aun no quería explotar. Me gustaba demasiado y no quería que terminara todo.

La senté en el respaldo del sofá, dejando caer su espalda apoyada en la pared. Abrí sus piernas, clavé mis dedos en sus muslos y acerque mi lengua a su sexo. Me puse a jugar en su clítoris haciendo pequeños círculos y ella me facilita el acceso abriendo sus labios con la mano. Se apretaba hacia mi boca para intensificar su placer y los gemidos que salían de su boca me estaban poniendo cardiaca.

Terminábamos tumbadas una enfrente de la otra, y mientras la penetraba con un dedo, notaba que estaba tan dilatada que introduje otro y comencé a mover la mano con firmeza. Ella disfrutaba y comenzó hacer conmigo un efecto espejo. Nos masturbábamos juntas al mismo ritmo. El placer estaba al limite, estaba apunto de explotar y quería que ella lo hiciera conmigo.

  • Vamos cariño, córrete para mi.
  • Si, Samanta si.
  • Estoy apunto preciosa, termina conmigo.

Nuestros jadeos se interrumpían con los besos, pero el placer estaba servido. Nos íbamos a correr, ya nos llegaba. Iba a explotar a lo grande.

  • Mas Samanta, mas.
  • Sigue, sigue. Disfrútalo cariño.
  • Siiii.

¡Terminamos! Nuestros cuerpos empapados en sudor se convirtieron en uno solo. Estaba encima de mí y yo la abrazaba con ternura y acariciaba su pelo mojado. Alzó la vista, clavo sus ojos en los míos; y me beso con delicadeza. Sin dejar de mirarme en un hilo de voz me dijo:

  • Gracias.

 

¡Ostias! Me he quedado pillada, Joaquín me mira esperando una respuesta.

  • ¡venga tomemos una por los viejos tiempos!
  • ¡Di que si!

Cristina me mira un poco flipada y ni yo misma se porque he dicho eso; pero haber recordado como la hacia mía me ha dado mucho calor.

La velada transcurre tensa al principio, pero después de unos minutos me voy relajando. Tanto que noto que he mojado. Si es que esta mujer me vuelve loca y echo de menos volverla a tener en mis brazos. Menos mal que tengo que volver al trabajo. El tiempo se hace aliado mío y tengo que despedirme de ellos.

  • Samanta ha sido agradable. Espero que nos veamos pronto.
  • Claro que si hombre. Ya nos veremos.
  • Hasta luego.
  • Adiós pareja.
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2 comentarios en “Entrada 12 – Sexo prohibido –

  1. Bueno… Bueno… Bueno… Una entrada en el blog de “kilates”! Has conseguido reunir en esta entrada todo lo necesario para hacerlo atractivo, enganchando al lector desde el primer párrafo. Enhorabuena, y sigue así… (ya deseando que publiques otra entrada).

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